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EL CIELO

12

Hay una correspondencia de todas las cosas del Cielo con todas las cosas del hombre

87. Hoy día se ignora lo que es correspondencia; se ignora por varias causas; la principal es que el hombre se ha apartado del cielo por amor a sí mismo y al mundo; porque quien ama a sí mismo y al mundo sobre todas las cosas mira únicamente a lo mundano, puesto que esto halaga a los sentidos externos y alegra a su genio, y no (mira) a lo espiritual, porque esto halaga a los sentidos internos y alegra a la mente, por lo cual rechaza esto bajo pretexto de que es demasiado elevado para ser objeto del pensamiento. Los ancianos opinaban de otra manera, para ellos la ciencia de la correspondencia era la más excelente de todas las ciencias; por conducto de ella adquirieron también entendimiento y sabiduría, y los que eran de la iglesia tenían por medio de ella comunicación con el cielo, porque la ciencia de la correspondencia es ciencia angélica. Los primitivos ancianos, los cuales eran hombres celestiales, pensaban por la correspondencia misma como los ángeles; por ello hablaban también entre sí como los ángeles y por lo mismo el Señor apareció más a menudo a ellos, instruyéndoles. Pero actualmente esta ciencia se halla extinguida hasta el punto de que se ignora lo que es correspondencia.

88. En vista de que por falta de percepción de lo que es correspondencia, actualmente nada se puede saber con claridad acerca del mundo espiritual, del influjo de este en el mundo natural, de cosas espirituales con respecto a cosas naturales, y que tampoco puede saberse algo con claridad acerca del espíritu del hombre, que se llama alma, de su operación en el cuerpo ni del estado del hombre después de la muerte; se dirá lo que es correspondencia y cual es su carácter, preparando así la vía también para lo que luego ha de seguir.

89. Primero se dirá lo que es correspondencia. El mundo natural entero corresponde al mundo espiritual, y no tan solo al mundo espiritual en generalidad, sino también particularmente hasta en sus más mínimos detalles. Por lo tanto todo cuanto en el mundo natural nace por el mundo espiritual se llama correspondiente. Hay que saber que el mundo natural existe y subsiste por conducto del mundo espiritual, precisamente cómo el efecto por su causa eficiente. Mundo natural se llama cuanto se halla en la extensión debajo del sol, recibiendo de este (su) calor y luz, y a este mundo pertenecen todas las cosas que por el mismo subsisten; pero el mundo espiritual es el cielo y a ese mundo pertenece todo cuanto hay en el cielo.

90. Puesto que el hombre es cielo y también mundo en mínima forma al imagen del mayor (véase arriba n. 57), se encuentran por lo tanto en él el mundo espiritual y el mundo natural; las cosas interiores que son de su mente y que se refieren a la inteligencia y a la voluntad, forman su mundo espiritual; las cosas exteriores, por otra parte, que pertenecen a su cuerpo y que se refieren a sus sentidos y a su actividad, forman su mundo natural; y por lo cual todo cuanto en su mundo natural o sea su cuerpo (sus sentidos y actos) existe por medio de su mundo espiritual, es decir por su mente (su inteligencia y voluntad), se llama correspondiente.

91. De que naturaleza es la correspondencia se puede ver en el hombre por su rostro; en un rostro que no ha aprendido a disimular se manifiestan todas las inclinaciones de la mente visibles en forma natural como en su tipo; por esto mismo el rostro se llama el índice del alma, o sea su mundo espiritual en su mundo natural; del mismo modo (se vé) las cosas que pertenecen a la inteligencia en el habla, y las que son de la voluntad en los gestos del cuerpo; por lo tanto todo cuanto se efectúa en el cuerpo, sea en el rostro sea en el habla, sea en los gestos, se llama correspondencia.

92. Por esto puede también verse lo que es el hombre interior y lo que es el exterior; es decir que el interior es él que se llama el hombre espiritual, y el exterior el natural, y asimismo que el uno se distingue del otro como el cielo se distingue del mundo; así como que todo cuanto nace y acontece en el exterior, o sea en el hombre natural, nace y acontece por virtud del interior, o sea del espiritual.

93. Esto queda dicho con respecto a la correspondencia del hombre interior, o sea del hombre espiritual, con su hombre exterior, o sea con su hombre natural, pero en lo que sigue se tratará de la correspondencia de todo el cielo con las diversas cosas en el hombre.

94. Queda manifestado que el cielo entero representa a un solo hombre; que es Hombre en imagen y que por ello es llamado el Mayor Hombre. También se ha manifestado que en su consecuencia las sociedades de ángeles, de los cuales se compone el cielo, se hallan dispuestas como los miembros, órganos y vísceras en el hombre, es decir, que algunas se hallan en la cabeza, otras en el pecho, otras en los brazos y otras en sus más mínimas partes (véase arriba, n. 59-72). Así es que las sociedades que allí se hallan en algún miembro corresponden a similar miembro en el hombre; las que allí se hallan en la cabeza corresponden a la cabeza en el hombre, las que allí se hallan en el pecho corresponden al pecho en el hombre, las que allí se hallan en los brazos corresponden a los brazos en el hombre y así también en cuanto a lo demás; por esta correspondencia subsiste el hombre, porque el hombre no subsiste sino por virtud del cielo.

95. En su artículo más arriba se ha visto que el cielo se distingue en dos reinos, de los cuales el uno es llamado el reino celestial, el otro el reino espiritual. El reino celestial corresponde en general al corazón y a todo cuanto al corazón pertenece en todo el cuerpo, y el reino espiritual a los pulmones y a sus dependencias en todo el cuerpo; el corazón y los pulmones forman en efecto dos reinos en el hombre; el corazón reina allí por las arterias y las venas, el pulmón por las fibras nerviosas y motrices, ambos (juntos) en cada energía y acción. En todo hombre, en su mundo espiritual, que es llamado su hombre espiritual, hay también dos reinos; uno pertenece a la voluntad, el otro a la inteligencia; la voluntad reina por medio de las inclinaciones al bien, y la inteligencia por las inclinaciones a la verdad; estos reinos corresponden asimismo a los reinos del corazón y de los pulmones en el cuerpo. De igual manera en el cielo. El reino celestial es lo voluntario del cielo y allí reina el bien del amor; y el reino espiritual es lo intelectual del cielo y allí reina la verdad; estos son los que corresponden con las funciones del corazón y de los pulmones en el hombre. Es por esta correspondencia que "Corazón" en el Verbo significa la voluntad y también el bien del amor, y que el "Espíritu" (respiración de los pulmones) significa la inteligencia y la verdad de la fe; es también por esta misma correspondencia que al corazón se atribuyen las inclinaciones, por más que estas no se hallan en él ni vienen de él.

96. La correspondencia de los dos reinos del cielo, con el corazón y los pulmones, es la correspondencia común del cielo con el hombre; una menos común existe con sus diversos miembros, órganos y vísceras; de que naturaleza esta es se dirá también. Los que en el Mayor Hombre, que es el cielo, se hallan en la cabeza están en todo bien con preferencia de los demás; porque están en amor, paz, inocencia, sabiduría, inteligencia y por ello en goce y felicidad. Estos influyen en la cabeza y en las cosas que pertenecen a la cabeza en el hombre y corresponden con ellas. Los que en el Mayor Hombre, que es el cielo, se hallan en el pecho están en el bien de la caridad y de la fe, y estos influyen también en el pecho del hombre y corresponden con él. Por otra parte, los que en el Mayor Hombre, o sea el cielo, se hallan en los lomos y en los órganos allí dedicados a la engendración están en el amor conyugal; los que se hallan en los pies están en el bien del último cielo, el cual es llamado bien espiritual-natural; los que se hallan en los brazos y en las manos están en potencia de la verdad por el bien; los que se hallan en los ojos están en inteligencia; los que se hallan en los oídos están en atención y obediencia; los que están en las narices están en percepción; los que están en la boca y en la lengua tienen facultad oratoria por entendimiento y percepción; los que están en los riñones están en verdad escudriñadora, distinguidora y castigadora; los que se hallan en el hígado, el páncreas y el bazo están en varias clases de bien y verdad purificadora; y de varias maneras en las demás partes. Influyen en similares partes en el hombre y corresponden con ellas. El influjo del cielo tiene lugar en las funciones y usos de los miembros, y los usos (provechos), siendo del mundo espiritual, toman forma en aquellas cosas que se hallan en el mundo natural, y así se ultiman en el efecto: de allí viene la correspondencia.

97. Por esto es que estos mismos miembros, órganos y vísceras en el Verbo significan cosas semejantes, porque allí todo tiene significación conforme las correspondencias; allí por cabeza se significa inteligencia y sabiduría; por pecho, caridad; por lomo, amor conyugal; por brazos y manos, la potencia de la verdad; por pies, lo natural; por ojos, entendimiento; por narices, percepción; por oídos, obediencia; por riñones, el escrutar de la verdad, y así sucesivamente. De allí viene también la costumbre en el hombre de decir, cuando se trata de alguien que es inteligente y sabio, que este tiene cabeza; cuando se trata de uno que tiene caridad, que este es hombre de pecho; de uno que tiene percepción, que tiene nariz fina; de un entendido, que tiene penetrante vista; de él que tiene poder, que tiene el brazo largo; de él que quiere y hace algo por amor, que es todo corazón. Estas y varias otras expresiones del lenguaje del hombre vienen de las correspondencias, porque tales cosas proceden del mundo espiritual, por más que el hombre lo ignora.

98. El que existe tal correspondencia entre todas las cosas del cielo y todas las cosas del nombre me ha sido demostrado por mucha experiencia y por tanta que he llegado a convencerme de ella como de un hecho evidente y en ninguna manera dudoso. Pero no es necesario el referir aquí toda esta experiencia; tampoco sería posible a causa de su abundancia. Puede verse referida en "Arcana Coelestia," donde se trata de correspondencias, de representaciones, del influjo del mundo espiritual en el mundo natural y del comercio del alma con el cuerpo.

99. Pero por más que todas las cosas del hombre, con respecto al cuerpo, corresponden con todo en el cielo, el hombre no es, sin embargo, imagen del cielo con respecto a la forma exterior, sino con respecto a la interior; porque las cosas interiores del hombre reciben el cielo y sus cosas exteriores reciben el mundo; por lo tanto, en la medida en que sus cosas interiores reciben el cielo, en esta medida el nombre, con respecto a ellas, es cielo en mínima forma, según la imagen del mayor; por otra parte, tanto como sus cosas interiores no reciben (el cielo) tanto no es cielo é imagen del mayor; las cosas exteriores que reciben el mundo pueden, sin embargo, tener forma según el mundo, y por esto, variada hermosura, porque la hermosura externa, que es del cuerpo, lleva su causa de los padres y de la formación en las entrañas de la madre, siendo después mantenida por el influjo general del mundo; por esta razón la forma del hombre natural se distingue mucho de la forma de su hombre espiritual. Varias veces me ha sido manifestado como es el espíritu del hombre en cuanto a forma, y he visto que en algunos que de rostro eran hermosos y agraciados el espíritu era deforme, negro y monstruoso, pudiéndose llamar imagen del infierno más bien que del cielo; por otra parte, en algunos que no eran hermosos era de perfecta forma, blanco, resplandeciente y angelical. El espíritu del hombre aparece asimismo después de la muerte tal cual ha sido en el cuerpo mientras vivió en el mundo.

100. Pero la correspondencia se extiende más allá del hombre, porque hay correspondencia de los cielos entre sí; el tercer cielo, o sea el íntimo, corresponde con el segundo cielo, o sea el intermedio; y el segundo, o sea el intermedio corresponde con el primero, o sea el último, y este corresponde con las formas corporales en el hombre, llamadas sus miembros, órganos o vísceras; es pues sobre las cosas corporales del hombre, en las cuales ulteriormente termina el cielo, que este descansa como sobre su base; pero este secreto será más ampliamente desarrollado en otro lugar.

101. Es necesario saber que toda correspondencia que existe con el cielo tiene lugar con lo Divino-Humano del Señor, puesto que el cielo procede de Él y Él Mismo es el cielo, como queda manifestado en los artículos precedentes; porque si lo Divino-Humano no influyera en todas las cosas del cielo, y según la correspondencia en todas las cosas del mundo, no habría ángeles, ni habría hombre. Por esto es también claro el porque el Señor se hizo hombre, y revistió la Divinidad con la Humanidad desde lo primero hasta lo último, sea que fue porque lo Divino-Humano, de lo cual venía el cielo antes de la venida del Señor, no bastaba ya ampliamente para el mantenimiento de todo, puesto que el hombre, que es la base del cielo, había deshecho y destruido el orden. Acerca de cual y como era lo Divino-Humano que había antes de la venida del Señor y cual era entonces el estado del cielo, véase en las notas aplicadas al precedente capítulo.

102. Los ángeles quedan como estupefactos cuando oyen que hay hombres quienes atribuyen todas las cosas a la naturaleza y nada a lo Divino, que también hay quienes creen que sus cuerpos, en los cuales se hallan concentradas tantas cosas maravillosas del cielo, son formados por la naturaleza, y—lo que es más—que la racionalidad del hombre también procede de ella, cuando, sin embargo, con elevar algún tanto la mente, pueden ver que semejantes cosas vienen de lo Divino y no de la naturaleza, la cual es creada con el único fin de revestir el espíritu y representarlo en formas correspondientes en el último grado del orden; pero a tales hombres comparan con lechuzas, que ven en las tinieblas y no en la luz.